Categoría: Apunte
Página de archivo de todos los «Apuntes» publicados en la web sobre un asunto concreto y relacionado con cualquiera de las categorías adjuntas en cada uno de ellos.

Rodrigo Caro y el cipo romano de Villalba del Alcor
En 1622, Rodrigo Caro, visitador del arzobispado y reconocido historiador, durante su visita a Villalba, recopiló información sobre el pueblo, incluyendo la inscripción romana de su pedestal que luego incluyó en su obra «Chorographia» (1634), siendo la primera referencia escrita sobre este cipo romano.

La cofradía del Dulce Nombre y su ¿primera advocación mariana?
Desde la fundación de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús en Villalba, esta corporación tuvo asociada la imagen de una virgen de la que desconocemos su advocación, aunque a finales del siglo XVI, tenemos noticias de la vinculación a esta cofradía de una virgen de los Remedios, ¿la primera titular?

Tiempo de aceitunas, tiempos de mujeres
El trabajo femenino era crucial en la recogida de la aceituna. En 1573, Villalba aportó «cogederas» al Aljarafe sevillano para la campaña de aceituna. Cristobal Martín Rubio contrató tres mujeres para Pedro Díaz de Herrera por 22 maravedís/día o 16/canasta, recibiendo un adelanto de 6 ducados.

40.000 ladrillos para acabar el convento
En 1582, Martín Giraldo y Pérez se comprometieron a fabricar ladrillos toscos para el futuro convento de frailes de Villalba por 22 ducados la hornada, más vino «bebible», gavera, cubos y agua gratuita. Al fundarse el convento, los frailes ya tenían esos ladrillos para poder continuar las obras pendientes.

Cuando el convento quiso crecer a “contramano”
En 1638, las monjas carmelitas de Villalba pidieron al ayuntamiento la calleja adyacente para ampliar el convento, alegando falta de espacio. El ayuntamiento accedió, considerando la obra justa y la calle innecesaria por existir alternativas. Sin embargo, la licencia nunca llegó y la calleja se conservó.

La devoción a Santa Águeda: el caso del presbítero Alberto Romero
Aunque la devoción a Santa Águeda no siempre fue masiva en Villalba, el presbítero Alberto Romero (1741) destacó por su fervor, ofreciéndose como mayordomo de su ermita tras recuperarse. En el pasado, antes que él, clérigos como Antón Sánchez (1541) gestionaron los recursos de la ermita mostrando una devoción constante a lo largo de los siglos.
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