Olleros de Villalba en el siglo XVII

Dentro del amplio espectro de oficios y profesiones que tienen al barro como materia prima se engloban “especialidades” tan diferentes como ladrilleros, tinajeros, escudilleros, tejeros y por supuesto olleros.

Los olleros se definen como los fabricantes de ollas y de otros utensilios de barro. Eran oficios que podemos integrar dentro de las actividades relacionadas con el trabajo del barro, los mantillos y barreros, una profesión que bien podría identificarse con la de alfarero o ceramista. 

Siendo aún más específicos, los olleros o maestros de loza blanca,  eran aquellos  artesanos especializados en la fabricación de vajillas y utensilios domésticos.   

Fueron ocupaciones destinadas a la manufactura de piezas de uso común y que aglutinaba una producción muy diversa y de diferentes calidades, tanto en la alfarería del “fuego” (cocinar, calentar…), como la del “agua” (contenedores de líquidos), o las vajillas.

Los maestros olleros elaboraban desde simples piezas de barro cocido sin vidriar o con apenas una capa superficial de engobe, hasta los más elaborados cacharros vidriados ya fuera solo por el interior o por ambas superficies. 

Los olleros de lo blanco de Villalba

En nuestro caso, en Villalba, la terminología empleada para referirse al oficio y a los maestros que lo ejercen, de lo blanco, circunscribe el trabajo de estos artesanos a la producción, esencialmente, de piezas vidriadas para uso doméstico. 

Fueron los platos, las escudillas o los cuencos vidriados en blanco los que a lo largo de la Edad Moderna encabezaron las vajillas domésticas, tanto en los entornos urbanos como rurales. Y fueron estas piezas vidriadas en blanco las más populares, abundantes y apreciadas por nuestros antepasados “modernos”.

Un ejemplo de la relevancia de este oficio a finales del siglo XVI es la imagen que encabeza este texto: la representación de santa Justa y santa Rufina (17 de julio) con piezas de loza y barro en sus manos, en un retablo de la catedral de Sevilla, obra de Hernando de Sturmio (1) a mediados del siglo XVI. 

Villalba contó con profesionales de este oficio a lo largo de su historia, llegando a tener en determinados periodos de su historia una importante industria dedicada a la fabricación de este tipo de productos.

En esta breve reseña nos vamos a centrar en dos momentos históricos, ambos enmarcados en el siglo XVII, que muestran ese empuje de la industria locera de nuestro pueblo

El primer momento al que hacemos mención está ligado al número de profesionales que ejercen en nuestro pueblo y a la necesidad de oficiales que reclamaba el negocio y que se manifiesta en la cantidad de contratos de aprendizaje que se producen en un solo año, 1615. 

El segundo está relacionado con la demanda y venta de productos elaborados por estos profesionales y su impacto en la sociedad villalbera del momento. Se trata de las medidas adoptadas por el ayuntamiento en 1674 para regular el suministro y la venta de la loza elaborada en nuestro pueblo en esos años. 

La ollería villalbera del XVII

Para esta reseña adjuntamos varios documentos que nos ofrecen una idea de la pujanza de esta actividad en nuestro pueblo.

Solo en la segunda mitad del año 1625 se firman tres contratos de aprendizaje con los olleros locales.

El 29 junio Pedro de los Reyes, ollero de loza blanca, vecino de Villalba, de una parte, y Lucas Martín, odrero (2), también vecino de Villalba, de la otra, conciertan que yo, el dicho Lucas Martín, entre, como por la presente entro, por aprendiz a Juan, mi hijo, de edad de catorce años, poco más o menos, con el dicho Pedro de los Reyes, para que le enseñe el dicho su oficio de ollero por tiempo de cuatro años… dentro de los cuales dichos cuatro años le ha de enseñar el dicho oficio de manera que al fin de ellos salga hecho oficial y pueda como tal trabajar y ganar su jornal con cualquiera maestro del dicho oficio… le ha de enseñar el dicho oficio según dicho es por declaración de dos maestros dél, por cada parte el suyo… y si llegado el tiempo no tuviera el nivel, el maestro se compromete a pagarle el sueldo de oficial hasta que logre el nivel de oficial. 

Poco más de dos meses después, Pedro Díaz, vecino de Villarrasa, residente en Villalba, de diecisiete años de edad persona libre, no sujeto a padre ni tutor, y de mi voluntad y bien informado de mi utilidad y provecho y de lo que me conviene, se obliga de servir de aprendiz a Pedro de los Reyes, ollero de lo blanco, vecino desta dicha villa, en su casa y oficio, y en todo aquello que se acostumbra servir por otros aprendices que entran a servir; y de aprender el dicho oficio por tiempo de tres años.. porque el dicho mi maestro me enseñe durante el dicho tiempo el dicho su oficio de ollero, de manera que salga hecho oficial dél y que pueda como tal ganar de comer y trabajar con cualquier maestro… Como garantía, el aprendiz, presenta como su fiador a Martín de Porras, ollero, vecino desta villa.  

Pasado un mes, Bartolomé Jiménez, vecino de Villaba, curador ad litem que soy de Alonso Martín, mi hermano, otorga que pongo a servicio y por aprendiz del oficio de loza blanca hasta vedriada al dicho Alonso Martín, mi hermano, con Juan de Paz, vecino desta dicha villa, maestro dél, que está presente, por tiempo y espacio de tres años y medio… y a el cabo de dicho tiempo le ha de dar enseñado del dicho oficio de todo aquello que él supiere y se acostumbra hacer en él, de manera que pueda trabajar por oficial con cualquiera otro maestro…

El primer detalle al que prestamos atención es la presencia de al menos tres maestros olleros en nuestro municipio, que estarían asistidos por un variado número de oficiales y aprendices. Si a este dato unimos la presencia de otros oficios, tejeros, cortadores, horneros…el sector del “barro” representó una importante variable económica, productiva y profesional en nuestro pueblo.

Por otro lado, apuntar que los contratos de aprendizaje se realizaban entre dos partes, por un lado el maestro que era el encargado de enseñar el oficio y por otro el padre o tutor del aprendiz, aunque a veces era el mismo aprendiz, si era mayor (aunque no adulto), el que otorgaba el contrato. Ambos casos se ejemplifican en los datos anteriores.

Medio siglo después, nos remontamos al mes de agosto de 1674, en una reunión celebrada por los gestores municipales, entre los asuntos que tratan, dedican un especial interés a los olleros y a la producción y venta de sus productos.

En la citada reunión se dice que  por cuanto los olleros desta dicha villa que gastan el barro y leña de los montes, y habiendo cocido los hornos luego que los descargan, venden la loza a los coquilleros (3) que la llevan a vender fuera desta dicha villa, con que los vecino no se proveen de la loza necesaria para su casa.

Así planteada la situación y el problema generado por la “exportación” de toda la producción de este producto villalbero, los señores capitulares, en el ejercicio de su autoridad, acordaron que se pregone en la plaza pública desta villa que ningún ollero en habiendo sacado la loza de los hornos la tengan tres días para venderla a los vecinos al precio que la venden a los coquilleros, so pena que el que lo contraviniere caiga en pena de mil maravedís cada vez que quebrantaren este auto.

Es curioso observar como la salida a otros mercados de toda la producción de esta industria, aun siendo una fuente de riqueza, se convirtió en un problema interno de desabastecimiento. Las ollas, pucheros, platos o jarros que se fabricaban estaban destinadas al mercado exterior, mientras que el interior, supuestamente, debía abastecerse con producto llegado de fuera. Estas situaciones en las que el cabildo tiene que intervenir se constatan en otras localidades donde los negocios derivados del barro prosperaron, provocando efectos de los que hablaremos en otra ocasión. 

Al parecer el trabajo y el producto elaborado por los artesanos del barro de nuestro pueblo fueron muy apreciados fuera de nuestras fronteras. 

Notas.

  1. Por cierto, este pintor estuvo relacionado profesionalmente con el autor de la pintura mural que se conserva en la sacristía de nuestra iglesia parroquial de san Bartolomé, Jordán González. Las santas fueron designadas como patronas del gremio de olleros de Triana (Sevilla) a finales del siglo XVI. Tenemos documentadas algunas referencias que nos refieren contactos entre los artesanos trianeros y los maestros villalberos.
  2. A los odreros y tinajeros de nuestro pueblo dedicaremos otro artículo en próximas fechas. 
  3. El coquillero hace referencia a una persona dedicaba al transporte, acarreo o conducción de mercancías.
  4. Imagen: Santas Justa y Rufina, Hernando de Sturmio. Catedral de Sevilla.