Son muchas las referencias y textos publicados en torno a la instauración de una feria en nuestro pueblo. Sabemos que Villalba se subió a la ola de creación de ferias ganaderas surgida a partir de la segunda mitad del siglo XIX y siguiendo la estela marcada por la nueva etapa emprendida por la feria de Sevilla unos años antes del arranque de la nuestra.
Si bien fue una apuesta arriesgada, teniendo en cuenta la existencia de ferias muchos más antiguas en su entorno, véase La Palma o Manzanilla, la decisión de nuestro ayuntamiento fue firme y la feria villalbera echó a andar en el año 1854.
La decisión de establecer una feria en los llanos fronteros a la ermita de Santa Águeda no parece que fuera sometida a una profunda deliberación. La elección de las fechas de celebración y sus diferentes cambios parece que así lo demuestran.
Una feria, que al igual que la administración de la ermita, estuvo en manos del gobierno municipal, al menos hasta que un grupo de vecinos tomara la decisión de crear una hermandad en el último tercio del siglo XIX, cogiendo las riendas, además de todo lo concerniente a la santa, de la organización de este evento anual.
Lo cierto es que el camino que emprendió nuestra feria no estuvo exento de incidentes que son los que a continuación te vamos a contar.
El siglo XIX
Villalba no había sido tradicionalmente un lugar de “ferias”. Esta ausencia de ferias ganaderas tal vez tenga su explicación en la existencia durante siglos de un mercado franco en nuestro pueblo que se celebraba, curiosamente, los ¡martes!
No están claras las razones de la elección del domingo antes de Pentecostés (y los dos días siguientes) para organizar un acontecimiento de estas características, pero parece que esta designación no resultó la más adecuada.
Estamos en 1854, metidos de lleno en el reinado de Isabel II, en un momento en el que un personaje que, aunque indirectamente está relacionado con nuestra tierra, Miguel Tenorio de Castilla, está próximo a convertirse en un personaje cercano a la corona con una gran influencia en la corte, la misma que por entonces gozaba nuestro primer diputado en cortes, don José Antonio Zambrano, pero en una escala más local.
Ese año se instaura una feria de ganado en una llanura lindera a la ermita, una amplia explanada accesible a una dehesa de alcornoques (aún no habían empezado los conflictos con don Vicente Romero Botejón) en unas fechas que casi solapan los días de celebración de la bien conocida feria de Manzanilla. Será una decisión que en breve tendrían que modificar.
Apenas cuatro años después, en 1858, el concejo municipal se ve obligado a mudarla de fecha.
En una sesión que tiene lugar el 17 de abril de ese año en la que solo se trata un único asunto, el de la feria, se plantea que “celebrándose en esta villa feria pública los días diez y seis, diez y siete y diez y ocho del mes de mayo de cada año, la experiencia ha hecho conocer que no es época a propósito para ello porque carecen de recursos la clase de labradores con especialidad la de perentrines (sic) por ser más escasos sus auxilios, de forma que no se ha visto aumento alguno, si no que sigue en decadencia; y deseando el adelanto de aquella que debe redundar en beneficio de esta población, acuerdan: que dicha feria se traslade a los días veinte y ocho, veinte y nueve y treinta de agosto de cada año, principiando desde el próximo de mil ochocientos cincuenta y nueve, precediendo la correspondiente licencia del Sr. Gobernador a cuyo fin se dirija copia de esta nota y obtenida se inserte en los boletines oficiales de esta provincia y en el de la de Sevilla, remitiendose al intento las oportunas comunicaciones y oficio al Sr. Director del Observatorio Astronómico de la ciudad de San Fernando para que la traslación conste en los almanaques del reino anticipadamente con el objeto de su mayor publicidad.
Cuatro años en los que había ido decayendo sin apenas haber despegado. Tenían que hacer algo, y la mejor solución que encontraron fue cambiarla de fecha. ¿Otro error de elección? Parece que sí.
Un año, solo uno, tardaron los señores concejales en darse cuenta de su error, de que las fechas elegidas tampoco eran las más apropiadas.
Así que en mayo de 1859, reunidos en sesión extraordinaria, nuestro dirigentes municipales dijeron que en 17 de de abril de mil ochocientos cincuenta y ocho determinaron que la feria de esta villa que se celebraba por los días diez y seis, diez y siete y diez y ocho del mes de mayo se trasladan al veinte y ocho, veinte y nueve y treinta de agosto, principiando desde al año actual impetrando la licencia del Sr. Gobernador de esta provincia, quien se sirvió concederla por su orden de ocho de mayo de dicho año de ochocientos cincuenta y ocho, previniendo al propio tiempo se anunciase en los boletines oficiales de esta provincia y la de Sevilla y que con la misma fecha pasaba oficio al Sr. Director del Observatorio Astronómico de la ciudad de San Fernando para que la traslación constase en los almanaques de la nación. Considerando que si bien consta fue anunciada en los referidos boletines oficiales , es lo cierto que no aparece en los almanaques de este año y si en algunos resulta con notable diferencia pero en ninguno de los que se han visto se marcan los citados días del mes de agosto, lo cual dará margen al retraimiento de los que desearan concurrir.
Considerando que aun cuando en el referido acuerdo de diez y siete de abril se expuso la causa para variar la mayor proporción de recursos, por otra parte debe tenerse presente que la estación (¡agosto!) no es a propósito pues desaparecen los pastos que hoy abundan en el real destinado al efecto, cuya ventaja es bien conocida para los ganados que a él se condujesen.
Todas estas razones estimulan a la corporación para acordar como desde luego acuerdan, que la feria se celebre todos los años el domingo antes de Pascua de Pentecostés y los dos días siguientes , que en el actual corresponde en los días cinco, seis y siete de junio próximo, precediendo la licencia del Sr. Gobernador… y al propio tiempo con el fin de conseguir la mayor ventaja, estimulando para la concurrencia cedente en beneficio de la población y en aumento del culto a la patrona de la misma, situada en el (mismo) local en que aquella se celebra, solicita también este municipio el beneplácito de dicho Sr. Gobernador para que se hagan carreras de caballos con algunos premios que se anunciarán en los citados días, de cuyo modo podrá conseguirse el objeto que se propone esta corporación al haber tratado esta variación sin embargo de lo que tenía acordado en el particular.
La decisión es volver a las fechas iniciales. Ha bastado un año para comprobar que la decisión de llevar la feria a finales de agosto y en coincidencia con otras fiestas locales no parece ser muy acertada
Puede parecer que la celebración en esas fechas se consolida con los años y la feria se reserva esos días para estimular la vida local. La realidad es que la feria sufrió al menos un cambio en los años posteriores.
¿Un año excepcional?
Transcurridos 25 años desde la instauración de la feria y tras varios cambios de fecha, asistimos a un acuerdo municipal que resulta ciertamente curioso y llamativo: la feria del año 1869 parece que resultó una excepcionalidad.
Ese año se evidencia que las fechas señaladas para la celebración de un evento tan importante se habían vuelto a cambiar, de nuevo se señalan los días de finales de agosto o primeros de septiembre para el festejo, aunque ese año se registra una modificación más trascendental si cabe: se anuncia un cambio de ubicación que distorsiona por completo la imagen que teníamos y tenemos de nuestra feria.
Pero vayamos a los documentos que en este sentido son bastante claros.
En agosto de 1869, reunidos los concejales bajo la presidencia del alcalde, don Diego Carrero, se manifestó lo conveniente que sería para esta población que la feria de esta villa que deberá tener lugar en los días dos y tres del próximo mes de septiembre se celebre en la Plaza de la Constitución en vez de ser en el sitio nombrado Llano de Santa Águeda y dichos señores, tomando en consideración que dicha feria solo es de paseo y que a ella no concurre ninguna ganadería, de unánime conformidad acordaron se verifique en la expresada Plaza de la Constitución, en cuyo sitio con más facilidad podrán ser vigilados todos los concurrentes y evitarse cualquier escándalo, no siéndole posible a la autoridad responder de la tranquilidad pública en despoblado, cual lo es el Llano de Santa Águeda, no contando con fuerza armada de la guardia civil por encontrarse de orden del excelentísimo señor capitán general reconcentrada en La Palma, según oficialmente consta a esta corporación.
Es relevante, sin duda, que ya para entonces, solo unos años después de su creación, la feria ha perdido su sentido y su naturaleza comercial como actividad de carácter económico de referencia comarcal. Ya para entonces ha mutado a un simple festejo lúdico.
La que nació como feria de ganado con la expectativa de aportar prosperidad y riqueza al pueblo, en un lugar capaz de contener 50.000 cabezas de cualquier ganado, ha perdido ese vigor inicial, si alguna vez lo tuvo, y queda relegada a una celebración marcada en el calendario festivo local. Razones que lo expliquen seguro que no faltarán.
El primer cuarto del siglo XX: años de cambios
Una de las novedades que trae este siglo, no hay que olvidar que la hermandad ya llevaba fundada unos años, es la cierta desvinculación del ayuntamiento con la organización de la fiesta, limitándose solo a los asuntos de vigilancia, limpieza y mantenimiento de la casa de su propiedad que tenía junto a la ermita.
Pareciera que a lo largo de ese primer cuarto del siglo XX la feria estaba todavía sin definir, sin fijar una fecha determinada en el calendario festivo de la localidad.
Si bien los días de celebración se establecieron inicialmente en el siglo XIX la semana anterior al Pentecostés, a lo largo del tiempo estas fechas fueron variando y ya en mayo de 1913 se había perdido esa tradición. Ese año nos hablan de la velada que durante los días del quince al dieciocho de este mes tenía proyectado hacer la hermandad de nuestra patrona santa Águeda en el “real” donde se encuentra situada la ermita”. Ese año el domingo de Pentecostés cayó el 11 de mayo , por tanto la feria se había desplazado a una fecha posterior al domingo señalado en sus comienzos.
Pero las cosas comienzan a aclararse a partir de 1915.
A principios de mayo de 1915 el alcalde expone en una reunión capitular “que teniendo pensado la hermandad de Santa Águeda celebrar en el presente año la romería que en el último domingo de este mes viene haciéndose desde hace muchos años en el real de la feria donde se halla enclavada la ermita de la patrona, entendía debía procederse a la reparación de la casa que el ayuntamiento tiene en dicho sitio…
Y dos semanas después el primer edil da las órdenes para limpieza de los terrenos de los llanos de Santa Águeda en vista de que en el presente año tiene proyectado la hermandad de la patrona celebrar la romería que desde hace varios años viene haciéndose el último domingo de este mes (de mayo); de cuyo trabajo se hará cargo el vecino de esta localidad, Pedro Infante Pérez.
Además, en estas citas anteriores, incorporamos otro elemento al que nos referiremos más adelante: la naturaleza de la fiesta.
Unos años después, a mediados de mayo 1917, el ayuntamiento se compromete a la reparación que anualmente se hace en la casa que el ayuntamiento tiene en los llanos de Santa Águeda en vista de que se acercan los días de feria, disponiéndose también por la presidencia la limpieza del paseo y arbolado que existe en el real… Recogiendo días después como no habiendo mandado el señor gobernador civil de la provincia fuerzas de la Guardia Civil para sostener el orden durante los días veintisiete, veintiocho y veintinueve en que se celebró la feria, tuvo necesidad el señor alcalde de habilitar tres guardas jurados para que en unión de los municipales fueran alternando en el servicio de vigilancia, a cuyos guardas según manifestó el señor presidente habría abonado en concepto de gratificación por este servicio la suma de cinco pesetas a cada uno…
En los años sucesivos las referencias dan pie a pensar que ese último domingo de mayo es el día que definitivamente ha quedado marcado en el calendario villalbero para celebrar su feria.
Pero veamos otros ejemplos.
El diez de mayo de 1919 aproximándose los días en que la hermandad de Santa Águeda celebra la feria debía procederse como en años anteriores a la limpieza de la parte del real que comprende todo el frente de la ermita con objeto de que quede convertido en paseo… y acuerdan con la hermandad abonar en el presente mes al hermano mayor de la hermandad de santa Águeda la subvención anual de doscientas pesetas que vienen concediéndole para atender a los gastos de la feria o romería que en honor de la patrona se viene celebrando el último domingo de este mes…
De la misma forma, en mayo de 1921, acordaron se disponga lo necesario para que se haga como todos los años la reparación de la casa que el ayto tiene en los llanos de Santa Águeda y limpieza del real o sitio donde se colocan los puestos para la feria que habrá de celebrarse en los tres últimos días de este mes.
La naturaleza de la fiesta
Ya comentamos más arriba que la feria ha sufrido modificaciones tanto en su calendario como en su naturaleza. La evolución de las sociedades marcan el desarrollo de este tipo de acontecimientos.
Si bien en un principio se diseñó como feria comercial, de ganado, con su correspondiente faceta festiva, los cambios políticos, sociales, económicos y culturales marcaron su evolución a lo largo del tiempo.
Es interesante comprobar cómo en los párrafos anteriores hay algunas cuestiones que merecen un poco de atención.
En 1913, el término es “velada”. Una velada no es una feria. Es un término más ligado a lo festero que a la actividad comercial. ¿Había perdido para entonces todo el contenido con el que fue creada apenas 60 años antes? Podría ser que con el tiempo e incapaz de hacer frente a la “competencia” hubiese quedado como una celebración más ligada en este caso a la patrona (que históricamente solo celebraba su día, con misa y procesión).
En 1915 el término que se utiliza en relación a una fiesta organizada en el real es el de “romería”. Lo que antes fue una feria de ganado ¿se había transformado en una simple romería?, ¿o la romería era el acto cumbre de la hermandad durante esta celebración?
Será a partir de 1917 y, sobre todo desde 1918, pese a ser un año muy “complicado”, cuando el concepto de “feria”, la fiesta en sí, tome fuerza otra vez, ¿se revitaliza?, para mantenerse a lo largo de los años posteriores.
A principios del mes de julio de ese año (1918) se presentaron los gastos causados durante los días que han durado los festejos públicos que anualmente se vienen haciendo en el real donde se encuentra enclavada la ermita de Santa Águeda con objeto de crear nuevamente la feria que en el explicado sitio se hacía antiguamente en esta localidad, cuyos gastos que ascienden a la suma de setenta y ocho pesetas corresponden a las gratificaciones hechas por el señor alcalde a tres guardas jurado y agentes municipales que durante los cuatro días que duraron dichos festejos ayudaron a la guardia civil de esta localidad hacer el servicio de vigilancia, no faltando particularmente los agentes municipales ni un momento del real debido a los muchos forasteros que concurren a los mencionados festejos.
Una feria moderna
Tras un largo paréntesis, en el año 1969 la feria arranca en una nueva etapa tras varias décadas de silencio.
Ese año se anuncia como “gran feria y velada” (términos ya utilizados en diferentes etapas anteriores) a mediados de junio (el 15 fue domingo), retomando de nuevo aquel baile de fechas que habíamos abandonado años atrás. Además, es curioso como en la promoción de este importante evento no aparece la coronación de la primera reina de la feria ni la procesión de la santa por el recinto ferial.
Al año siguiente, es decir en 1970, Carmelo del Toro (Hermano Mayor) y Diego Sánchez Matamoros (Mayordomo) de la hermandad de Santa Águeda solicitan “que por el ayuntamiento se les conceda la correspondiente autorización para ocupar durante los día 12, 13 y 14 del próximo junio los terrenos propiedad de esta entidad colindantes con la ermita de Santa Águeda para en ellos organizar la feria y fiestas con motivo de la festividad de Santa Águeda mediante la instalación de casetas, círculos de recreo y demás esparcimientos públicos , así como el emplazamiento de un transformador de corriente eléctrica para servicio de la misma; así como también una subvención de metálico en ayuda de sufragar los gastos que origine.
Y luego llegaron otros cambios de fecha…
Lo único que nunca cambió en la historia de nuestra feria es su ubicación, que se ha mantenido inalterada en ese lugar que todos conocemos como los llanos de Santa Águeda.
