La celebración del día de Nuestra Señora de las Reliquias a finales del siglo XVII.
Las celebraciones que se hacían en Villalba del Alcor en un día tan señalado como el 15 de agosto, Día de la Asunción de la Virgen, hay que ponerlas en relación con el amplio y extenso abanico de actos que, con motivo de esta fiesta, se viene celebrando desde antiguo en muchos pueblos de nuestra comarca. Nosotros, en Villalba, durante siglos, en ese día festejamos a Nuestra Señora de las Reliquias. Una devoción muy antigua, que algunas remontan a la época de la Reconquista y que hasta el siglo XIX fue una de las fiestas más populares en nuestro pueblo.
Llama profundamente la atención como la festividad y festejos en torno a la Virgen de las Reliquias se desplazaron unos días en el mes de agosto para incorporarlos a otra fiesta que a su vez desplazó a la antigua devoción que existía a esta advocación mariana. Un hecho que no es tan lejano en el tiempo ya que a principios del siglo XX aún se mantenía la tradición religiosa de una solemne función a las Reliquias, junto a otra, unos días después a la Virgen del Carmen.
¿Cómo eran las fiestas de la virgen hace tres siglos?
Como era y como sigue siendo costumbre, podemos distinguir entre las celebraciones de carácter lúdico y las de carácter religioso.
Los festejos lúdicos comenzarían la tarde noche anterior con diferentes actos que debían ser, sobre todo, de diversión y recreo para todos los vecinos. Una de las actividades más interesantes que se organizaban en torno a la fiesta, no cabe duda que sería el “teatro”. No faltaban actores y obras que representar. Por ejemplo, en 1691 se gastaron 45 reales en el alquiler de las ropas que se trajeron de fuera para representar la comedia que se hizo en la fiesta de Nuestra Señora, o los 214 reales que aparecen en los gastos de la fiesta de uno de esos años de finales del XVII, gastados en dar de comer a la música, danza y comediantes que asistieron en las fiestas de Nuestra Señora.
Y no podemos olvidarnos de los festejos taurinos como el toro que se jugó en 1711. Unos toros que en esos años de finales del XVII y principios del XVIII siempre tuvieron su protagonismo para las fiestas que se hicieron en los años destas cuentas…
Un elemento singular que con el tiempo fue perdiendo su significado y su importancia, aunque de alguna forma ha llegado hasta nosotros, pero con otro carácter, es el relacionado con las ofrendas realizadas a la Virgen. Era un acto que se desarrollaba a lo largo del mismo día 15 de agosto.
Ese día, los devotos, vecinos y gentes venidas de otros lugares de la comarca (una persona devota que venía de Hinojos que dio de limosna a Nuestra Señora…) ofrecían sus ofrendas a la Virgen. A veces, en forma de limosna, en dinero, como en 1679 cuando la casa (de las Reliquias) recibió el día de su fiesta 20 reales de limosna el día de Nuestra Señora de agosto en menudencias…Pero también había ofrendas y limosnas en productos. Por ejemplo las cuatro gallinas que el día de Nuestra Señora dieron de limosna (1686), o los 170 reales que percibió el día de la fiesta de limosna de aves y frutos y dos lechones… (1695).
Y por otro lado tenemos las celebraciones religiosas…
A través de los pagos que realizaba la cofradía sabemos que uno de los gastos más importantes era el derivado de las retribuciones a los eclesiásticos por la asistencia a las celebraciones religiosas y a la procesión, tanto del clero secular (sacerdotes) como del regular (frailes).
Estos últimos, los frailes del convento del Altillo, jugaban un importante papel porque además del dinero que se pagaba a el padre prior del convento de religiosos por el acompañamiento de la comunidad a la procesión el día de la fiesta (1687), eran, en la mayoría de las ocasiones, los encargados de dar el sermón durante la función religiosa, un encargo que habitualmente recaía en el prior del convento.
Acaso es el momento de introducir un dato curioso que nos ofrece alguna pista sobre cómo debía desarrollarse esta celebración litúrgica. A principios del siglo XVIII se computa una cantidad de dinero gastados en un altar de madera que se hizo para poner la imagen de Nuestra Señora el día de su fiesta” (1703). Algo que nos hace sospechar que la función de ese día grande se celebraba en un lugar que no era el habitual en el que estaba ubicada la imagen de Nuestra Señora, su retablo del altar mayor. Ahora bien… ¿dónde?
La procesión de la Virgen
La procesión era el acto culminante, el momento en el que la fiesta alcanzaba su cenit y donde todo confluía para que cada 15 de agosto se convirtiera en una fecha relevante en el calendario villalbero.
Que no falte la música…
Lo más llamativo y destacado, ya lo comentamos, es la procesión de la virgen que debía ser un acto emotivo, popular y fervoroso.
La música y el baile no podían faltar en una festividad tan señalada.
Los ministriles (esas agrupaciones musicales herederas de una práctica medieval), de larga tradición en Villalba, amenizaban la procesión durante su recorrido por las calles del pueblo. 120 reales se le pagaron a los ministriles que asistieron a la dicha fiesta como consta de carta de pago firmada de Diego López maestro ministril…
Músicos que no siempre fueron villalberos, en muchas ocasiones procedían de diferentes lugares de la zona. En 1689 se contratan y se les paga a los ministriles de La Palma por haber tocado en la procesión de dicha fiesta.
… ni el baile.
Y junto a los músicos, tenemos a los danzantes que también acompañaban a la Virgen a lo largo de la procesión.
Eran grupos de danzantes que habitualmente venían de fuera, de otros lugares comarcanos, como sucedió en 1710 cuando fueron a Niebla a buscar los danzantes y por los fuegos. Este “complemento” festivo incrementaba notablemente los gastos de la hermandad por lo que hubo años en que se suspendió este apartado de danza, como suceió un año antes (1709).
Sin embargo, lo más interesante de este Incluso, llegao el caso era un apartdo que podía suprimirse del presupuesto y de la fiesta (como el año anterior de 1709)
Lo más interesante de este apartado apartado es la existencia en ocasiones de grupos de bailes compuestos por niños y jóvenes de la localidad que, al igual que los grupos foráneos, ejecutaban sus bailes en determinados lugares durante las “paradas” del paso. Un grupo formado por los propios vecinos del pueblo que con anterioridad a la celebración de la fiesta tenía que aprender a bailar para poder ejecutar estas danzas a lo largo del recorrido procesional. Un tipo de acompañamiento con reminiscencias ancestrales que aún podemos observar y disfrutar en algunos pueblos de nuestra geografía.
El acompañamiento de danzantes durante la procesión de la virgen suponía también un desembolso importante ya que no solo había que costear a los músicos, o al músico.. a el tamborilero que tocó a la danza el día de la fiesta, sino que la presencia de los danzadores implicaba la necesidad de “fichar” a una persona que enseñara a los niños a bailar. Es decir, había que contratar a un maestro de danza para la que se hizo en esta fiesta” o a el tanmorín de dicha danza (1683). O como en el año 1689 en el que se invierte cierta cantidad de dinero en pagar a el danzador que enseñó a los niños para la danza que se hizo en la fiesta de Nuestra Señora el año destas cuentas… O en 1695 cuando se destinan 33 reales para pagar al que adestró y guió los niños que danzaron en la procesión de Nuestra Señora.
Además, a estos gastos había que añadirles alguno otros relacionados con la indumentaria de los danzantes, como por ejemplo los reales gastados en doce pares de zapato que dio a los niños que danzaron en dicha fiesta o los gastados en doce sombreros de papelón que se hicieron para los niños de la danza.
… ni la luz.
Caída la noche la virgen recorrería las oscuras calles del pueblo apenas iluminada por la luz de las velas y hachas. Tanto unas como otras también vaciaban considerablemente las arcas de la cofradía. Es significativo el gasto de 135 reales empleados en lo que importó la cera y alquiler de las hachas que asistieron a las procesiones.
Y entre tantos festejos, gastos y celebraciones no podían faltar los fuegos artificiales.
Unos fuegos que no solo culminaban o cerraban los actos festivos (65 reales costaron los fuegos que aquella noche se gastaron -1680-), también daban el pistoletazo de salida (los fuegos gastados en fuegos la noche víspera de la fiesta) a la fiesta.
Como vemos en estos pequeños apuntes y referencias enmarcadas a finales del XVII, la festividad del 15 de agosto, día grande de Nuestra Señora de las Reliquias, Villalba celebraba esta festividad de la Asunción por todo lo grande, en un lugar que dejó de ser extramuros del pueblo pero que conservó ese sabor a fiesta popular, vinculada a una ermita y a una devoción que se remontaba casi a los orígenes del pueblo.
