A finales del siglo XVI tiene lugar el intento de fundar un nuevo hospital en Villalba del Alcor. De tener éxito se hubiese convertido en el tercer establecimiento hospitalario con el que contara el pueblo.
Si los dos existentes estaban vinculados a las dos cofradías más importantes e influyentes de la localidad, la de la Misericordia y la de san Bartolomé, este tercer hospital habría estado vinculado a otra de las cofradías locales, en este caso la cofradía de la Vera Cruz y Sangre de Cristo. De ahí la atribución del intento fundacional: Hospital de la Sangre.
Lo curioso es que hubiera estado vinculado a una cofradía cuya sede estaba en una ermita vinculada y dependiente de uno de los otros dos hospitales, el de la Misericordia.
Por otro lado, no deja de ser llamativo, como estas iniciativas siempre se ponen en marcha “en pareja”, son proyectos compartidos por matrimonios locales que convierten estos años en un momento álgido de emprendimiento fundacional de carácter socio-religioso (véase el patronato del matrimonio de Antón Prieto e Inés de Porras o el convento de frailes carmelitas de Juan Pinto y Juana Suárez).
Pero vayamos a los hechos.
En octubre de 1587, la villalbera Juana de Humanes, mujer de Bartolomé Jiménez, viendo cercana la hora de su muerte, junto a su marido, con la voluntad del dicho mi marido que por cuanto él ha tratado conmigo, decide y ordena que la sala donde al presente estoy enferma y el palacio de adentro con la cuadra toda, que lo compramos de Delgado, el clérigo, se quede y sea y lo declaro para un hospital que se haga en ella de la sangre. Una decisión compartida la de que la dicha sala por tal y palacio y cuadra sea para el dicho hospital de la sangre para que se pueda hacer en ello y se entiende no tener derecho nadie sobre él sino que ambos de conformidad lo quieren así.
Juana no vivió mucho tiempo después de que tomaran esta decisión. Un año después, Bartolomé, el marido, recuerda lo que que su mujer estableció en el testamento y por eso me desisto e aparto de la dicha casa e cuadra de casa e de sus pertenencias dellas que están en las dichas mis casas, linde con casas de Alonso de Leva, vecino desta villa, para que la dicha Cofradía de la Sangre desta dicha villa de Villalba haga, como dicho es en la dicha cláusula, Hospital de la Sangre con una condición y gravamen, que la dicha cofradía y hermano mayor que lo fuere de aquí adelante, para siempre jamás, han de ser obligados a hacer decir en cada un año, para siempre jamás, una misa rezada por mi ánima e por el ánima de la dicha mi mujer el día de Nuestra Señora de agosto o su ochavario…
Añadiendo además algunas cuestiones importantes para el establecimiento y funcionamiento del hospital como es que el dicho hospital e cofradía de la sangre tenga entrada e servidumbre al pozo del agua que está e queda en las dichas mis casas de abajo, sin que mis herederos ni otra persona alguna se lo pueda contradecir ni estorbar por que esta entrada y servidumbre del agua la mando yo de mi parte e de mi hacienda en la forma que mejor de derecho hubiere lugar. E desde el día de hoy que es hecha esta carta e por ella en adelante, para siempre jamás, me desisto e aparto e abro mano de la dicha sala e cuadra e servidumbre del agua del pozo con todo lo perteneciente a la dicha sala e cuadra y todo lo cedo e renuncio e traspaso en la dicha Cofradía de la Sangre para que, como dicho es, se haga e comience a hacer el dicho hospital.
Finalmente, las cosas no acabaron como había previsto el matrimonio y la fundación no se se llevó a cabo y no pudimos contar en Villalba con un tercer hospital.
