Las cruces como elementos sagrados, los más sagrados, que dominan y se configuran como puntos de fuga del paisaje urbano de nuestro pueblo se convierten en las grandes protagonistas del mes de mayo.
La disposición de cruces a lo largo del entramado urbano es una práctica que se generalizó al final de la Edad Media, unas veces como elemento de protección, otras como marca de limitación territorial, con carácter conmemorativo, como elemento de reafirmación, o simplemente como elemento decorativo. Pero, en general, siempre mantuvieron su componente devocional y preservador frente al mal.
En esos primeros momentos de la modernidad la creciente presencia de cruces distribuidas a lo largo y ancho del trazado urbano de nuestras ciudades y pueblos fue un proceso incentivado por los nuevos códigos nacidos a partir de Trento.
Ya fuera en hornacinas, pedestales, exentas o simplemente adosadas a la pared; ya fuera formando parte de itinerarios sagrados (Vía Crucis) o geográficos (humilladeros), conmemorativas o marcando las posas en los entierros, estos elementos contribuyeron a dotar a nuestros pueblos de una idiosincrasia singular que con el tiempo acabó modelando una fiesta que en nada recuerda la antigua sobriedad de estas cruces callejeras.
Las fiestas de la cruz
Las celebraciones de mayo en torno a la cruces son, sin duda, las más puras y evidentes demostraciones de la religiosidad popular. No en vano muchos fueron los intentos de poner fin a este tipo de celebraciones cargadas de ciertos componentes “paganos”.
Si la afirmación anterior no deja lugar a dudas, no es menos cierto que los inicios de las Fiestas de la Cruz (las celebraciones de la Invención de la Cruz en mayo y la Exaltación de la Cruz en septiembre eran consideradas fiestas de precepto) tuvieron una fuerte vinculación con las cofradías de la Vera Cruz.
En Villalba también tenemos constancia de esas festividades y de su vinculación con nuestra cofradía de sangre.
Podemos remontarnos a mediados del siglo XVI para comprobar como en 1554 un villalbero le adjudica a la cofradía de la Veracruz media casa con la condición de que esta cofradía sea obligada de hacer decir… en cada un año dos misas cantadas con sus vigilias, la una dellas el día de Santa Cruz de mayo e la otra del día del Triunfo de la Cruz ques por el mes de septiembre de cada año.
Dos años después, otra villalbera, Elvira García, entrega a un familiar, como parte de su herencia, unas casas con la condición de hacer decir en cada un año una misa cantada a la sangre preciosa de Jesucristo en el día de la Santa Vera Cruz de mayo.
Una fiesta, la de mayo que se rodeaba de todo el protocolo y la magnificencia que tal festividad exigía, celebrándose con procesión que se hacen el día de Santa Cruz de mayo y en la que participaban las cofradía locales, llegando a darse casos de disputas entre ellas, como el que sucedió en 1572, por la asignación del orden en dicha procesión de mayo.
Las cruces callejeras de Villalba
Ahora sí, ya nos toca hablar de esas cruces callejeras de Villalba del Alcor.
Como en otros tantos pueblos la presencia de cruces situadas en diferentes lugares del núcleo urbano nuestro pueblo fue una constante a través del tiempo. Muchas de ellas se han conservado, otras han cambiado su ubicación y otras han desaparecido.
Los problemas en torno a su estudio se centran sobre todo en los motivos que llevaron a nuestros antepasados a colocar cruces en diferentes lugares del pueblo. De la misma manera, a veces es difícil establecer su ubicación original ya que a lo largo del tiempo muchas referencias espaciales pueden haber cambiado o desaparecido.
Pero a pesar de esos obstáculos, es evidente que la proliferación de cruces a lo largo y ancho del callejero villalbero nos remontan a unas celebraciones que han tenido continuidad a lo largo de los siglos hasta llegar a nuestros días.
Lo que aquí proponemos es una pequeña recopilación de referencias geográficas en torno a algunas de estas cruces que nos puedan aportar algo de luz en torno a la presencia de este elemento sagrado en nuestro pueblo a lo largo del tiempo.
Referencias iniciales

Cristo de las Maravillas. Antiguo Hospital de la Misericordia
Comencemos por aquellas citas que recogen algunas referencias sobre estas cruces o espacios públicos con cierto sabor “crucero”.
Hasta el momento carecemos de más datos que los aportados por estos y otros documentos en los que su incierta ubicación no les resta el protagonismo que debieron tener hace siglos.
La primera es una referencia cuanto menos curiosa. En 1595 Juan Pinto de Heredia vende un olivar a García Ximénez Franco (los fundadores de los conventos villalberos) situado al humilladero, linde de la calleja e camino que va a Hinojos. Apenas tenemos más referencias de este lugar aunque podemos pensar que quizás en este espacio estuviera situada una cruz, algo muy común en este tipo de enclaves.
En la disposición de su testamento (1623) nuestro paisano Sebastián Domínguez establece que una vez fallezca, en el traslado del féretro a la iglesia se le hagan tres “posas” (paradas con responso), una junto a la cruz que está cerca de mi casa, otra junto a la cruz que está a la esquina de la casa de Lorenzo Martín Donza, y la última junto a la puerta de la iglesia del señor san Bartolomé. De la única que tenemos certeza es de la que estaba situada a las puertas principales de la iglesia parroquial, algo habitual en el entorno de estos edificios religiosos. De las otras quedamos pendientes de localizar estas casas.
Unos años después, en 1628, encontramos como otro vecino también determina en su testamento que se le hagan tres “posas” en el traslado hacía la iglesia, una a la cruz del mercadillo y otra a la entrada de la calle de Santa Ana, junto a la cárcel y otra en el porche junto a la dicha iglesia. Casi con seguridad estas tres paradas se hicieran en lugares donde existiría algún elemento sagrado que sirviera de base del responso. Uno de ellos es la Cruz del Mercadillo de la que hablaremos más adelante, otro es el porche de la iglesia, del que ya tenemos una referencia anterior; del tercero no sabemos nada, es muy posible que se tratara de otra cruz situada el inicio de la calle de Santa Ana, lo que hoy es Santa María justo frente de la cárcel que, cuatro siglos más tarde, nos situaría en la esquina de la plaza y carretera (para entendernos, la tienda de Rocío Pérez).
Cruz del Palomar
Tal vez se trate de una de las cruces que marcaban los límites del pueblo, una de sus entradas/salidas hacia el campo. De ella tenemos muchas referencias a lo largo de la Edad Moderna, pero quizás la más antigua se remonta al año 1552.
Se trata de un tributo que un miembro de la familia de los Barrera impone a mediados del XVI sobre el cortinal de la cruz del Palomar. Un tributo que con el paso de los años acabaría en manos de los frailes del futuro convento de carmelitas de nuestro pueblo.
Como dato adicional podemos añadir que en un documento de finales del XVII un tal Gregorio de Vega, descendiente y heredero de “otro” Gregorio de Vega reseña otro antiguo tributo situado sobre unas viñas localizadas también a la cruz de el palomar.
La ubicación de esta cruz en el entorno de la calle del mismo nombre no es algo aleatorio o caprichoso. La situación de las fincas señaladas y otras reseñas al respecto confirman la relación entre ambos elementos, la cruz y la calle.
Cruz del Mercadillo
Como habíamos comentado en un apartado anterior, la cruz del mercadillo está sobradamente documentada a lo largo de los siglos (véase Culto a la cruz en Villalba). Pero en este caso es importante destacar que no deja de ser una cruz “callejera”, ubicada en un lugar neurálgico del pueblo, vigilante y protectora de las transacciones y negocios que tenían lugar en este mercado local.
Como ya contamos en el artículo referido más arriba es la cruz que mejor ejemplifica la vinculación de este elemento urbano con la cofradía de la Veracruz. Tanto es así que esta relación ya aparece recogida en un documento de mediados del siglo XVII donde se dice que la cofradía de la Santa Vera Cruz, sita en la iglesia de la dicha villa… todos los años el día de la Santa Cruz se hace una fiesta muy solemne donde concurre mucha gente de los lugares circunvecinos y para que todos gocen de de la celebración de la misa porque la iglesia es muy pequeña y cabe muy poca gente en ella el hermano mayor de esta cofradía solicita del arzobispado licencia para celebrar en un lugar fuera de la parroquia.
El lugar elegido es un sitio que en esta villa de Villalba se llama el mercadillo, donde hace plaza y en medio della está una cruz con su peana.
Antes de este suceso y mucho después de él son muchas las referencias a esta cruz del mercadillo en todo tipo de documentos.
En la misma línea que los anteriores, Giussepe de Espina ordena en su testamento que se le hagan dos posas (reponsos), una a la cruz del Mercadillo y otra a la puerta de la iglesia.
Un aspecto que es importante destacar es la “separación” de dos elementos de carácter religioso que hasta el siglo XIX (probablemente) no se unificaron en algunos casos: las cruces urbanas y las capillas/ermitas locales.
En los años finales del siglo XIX, el ayuntamiento considera que hay que dar la voz de alarma por el estado ruinoso en que se encuentra la ermita llamada de la Trinidad… donde era un peligro constante por el mucho tránsito de personas durante el día… Que la dicha ermita, por más que se dice está dedicada al culto por lo que aparece en el amillaramiento entre las fincas urbanas exentas de contribución y exceptuada de la ley de desamortización, no recuerda el informante se haya dicho misa en ella en el transcurso de muchísimos años, pues desde la misma época viene utilizándose como almacén o depósito de varias andas, arcones y otros efectos pertenecientes a la ya extinguida hermandad sin estatutos de la Santa Cruz. Que por esta causa y la esencial del estado en que se encuentra su techumbre y agrieteados muros sería preciso reedificarla para el culto , cuyo gasto sería inútil porque siendo este un pueblo de corto vecindario cuenta para el objeto indicado con la parroquia, un convento de monjas y la recién concluida ermita dedicada a la patrona santa Águeda, cuyos templos son más que suficientes para llenar las necesidades de las prácticas religiosas. Los concejales acordaron por unanimidad abrir un expediente para estudiar y resolver esta cuestión, informando de ello a la autoridad eclesiástica del pueblo.
Parece que ya en el siglo XIX la capilla/ermita de la Trinidad cobijaba una cruz, sin duda la que durante siglos había presidido esa plazoleta tan transitada.
Cruz del Cerrillo
La Cruz del Cerrillo es otro ejemplo de una cruz “callejera” en Villalba del Alcor. Aunque la información específica sobre esta cruz es limitada, sabemos que estaba situada en la calle del Cerrillo, una de las vías secundarias que articulaban la trama urbana de nuestro pueblo.
Al igual que otras cruces, pudo haber servido como un punto de referencia religioso y cultural, así como un lugar para realizar rituales y marcar eventos significativos. Sin embargo, se necesita profundizar más para entender completamente su historia y significado.
Si bien hasta el momento no podemos ofrecer datos que desvelen su origen, si tenemos la confirmación documental de la existencia de una cruz en esta calle, al menos desde mediados del siglo XVIII. Una ubicación incierta que bien pudo ser el origen o servir de tránsito hacia la posterior identificación de una cruz de barrio con capilla propia.
Nos remontamos a finales de 1756, al momento en que José Fernández, mozo albarrán (soltero), vecino de Villalba, vende, para los gastos del cumplimiento de su testamento… a Antonio Ruiz de Saavedra, vecino desta dicha villa y a María de Salas su legítima mujer… unas casas de morada que por mías propias tengo en esta dicha villa en la calle del Serrillo, que por la parte de levante hacen esquina a la callejuela que de dicha calle del Serrillo, que está frente de la cruz, sale y va a la de Barristraga; y por la e poniente lindan con otras casas que allí me quedan y me pertenecen…
Un año después, en 1757, otro paisano, Francisco Rodríguez Espina vende a Francisco de Cepeda la mitad de unas casas que que por mías propias tengo en esta dicha villa en la calle de Barristraga, linde por la parte de levante con casas de Pedro Ponce y por el poniente hacen esquina a la calleja que de dicha calle va a la de Serrillo a salir frente de la cruz…
La siguiente referencia se remonta a 1771, y al igual que las otras, la casa y la cruz aparecen de nuevo referenciadas en una transacción. En una venta de casa, o mejor en la venta de una cuarta parte de casa. El vendedor es Diego Rodríguez de Espina, vecino de Villalba y vende a su hermano, Anselmo José Rodríguez Espina (familiares todos ellos, éstos y el anterior) la cuarta parte de casa que le correspondía por la parte de la herencia que le había tocado a la muerte de su padre, Juan Rodríguez Espina que son en esta villa en la calle de Barristraga que hacen esquina por la parte de poniente con la callejuela que sale de dicha calle y va a dar frente de la Cruz de la Calle del Cerrillo, y por levante linda con casas de Pedro Ponce…
Por los datos ofrecidos el lugar no es difícil de situar: frente a la calleja que va de Barristraga a Cerrillo.
Tres referencias en un corto espacio de tiempo que ponen de manifiesto la existencia de una cruz urbana estrechamente relacionada con la calle en la que se ubica. Quizás aquí tengamos el origen de toda una tradición profundamente arraigada en una parte del vecindario de nuestro pueblo.
Cruz de la calle Real

Cruz calle Real
La cruz de la calle Real mantiene la denominación de la antigua vía y principal eje de comunicación de nuestro pueblo.
Su localización en este lugar puede deberse a razones geográficas: aquí comenzaba y acababa el pueblo, por aquí entraban y salían los viajeros que llegaban o se dirigían a Sevilla. Tal vez sea esta una de las razones por las que las referencias a esta cruz vienen de antiguo y también justifique su consideración como una de las cruces más antiguas de nuestro pueblo.
Por otro lado, su ubicación ha permanecido invariable a lo largo del tiempo.
Por ejemplo, hay documentos de la segunda mitad del siglo XVIII que hablan de la callejuela que viene por vera del convento de religiosos carmelitas y sale a la plazuela de la dicha calle Real, en donde está la cruz…
Otro testimonio revelador es el que nos deja una villalbera en 1830 cuando aporta una cierta cantidad de dinero para construir una cruz de hierro que se pondrá en el mismo sitio en que está la que en el día se encuentra a la entrada de la calle Real de esta población viniendo por el camino de Sevilla.
Por último citar otra referencia documental de finales de ese mismo siglo XIX que nos habla de una solicitud que dos vecinos hacen al ayuntamiento pretendiendo adquirir en propiedad y previo pago del aprecio que resulte el espacio de tierra comprendido entre la última casa de la calle Real por el lado del sur en dirección a levante y la cruz con peana que allí se encuentra desde tiempo inmemorial, no siendo su ánimo labrar sino por el contrario conservarlo en el mismo estado en que hoy se encuentra puesto que con su cesión se producirían perjuicios a los solicitantes y a otros vecinos inmediatos toda vez que cualquier clase de edificio que allí se pretendiera levantar estorbaría las vistas de las casas de aquellos y estrecharían el terreno en términos de que los carros o carretas no podrían maniobrar a causa de la estrechez que proporcionaría con especialidad a la entrada de la calle del Carmen.
Una muestra de la existencia de un espacio abierto que conectaba la actual calle Carmen con la calle Real y en la que se localiza una cruz cargada con ese componente geográfico que marcaba el inicio/final de la población, del casco urbano. O como elemento identitario de una zona del pueblo, conocido como “barrio de san Sebastián”.
En cualquier caso, ejemplos que prueban que la de la la calle Real puede ser considerada tanto por su antigüedad como por su ubicación una de las más representativas de nuestro pueblo.
Cruz del Altillo (Caravaca)

Cruz de Caravaca (o del Altillo)
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la demanda de espacio para edificar viviendas fue una constante que acaparó gran parte de la atención de las autoridades locales. En esos años, los vecinos con pocos recursos recurrían al ayuntamiento para que éste les proporcionase suelo público en el que poder edificar sus viviendas. Uno de los espacios que se utilizaron con este fin fue el conocido por el Altillo contiguo al destruido convento de carmelitas.
El ayuntamiento, con autoridad para conceder estos terrenos, consideraba lo beneficioso que es utilizar aquel terreno actualmente sin servicio alguno… por la escasez de habitaciones que hay en esta villa y porque hermosea el aspecto público.
Sirva como ejemplo el caso de Joaquín Palanco que en 1866 presentó un escrito solicitando se le conceda licencia para edificar una casa habitación al sitio llamado El Altillo, junto al antiguo convento, a lo que al ayuntamiento accede previo señalamiento del terreno.
Estas decisiones nos permiten entender las razones que explican el emplazamiento actual de nuestra cruz de Caravaca, una cruz que mantiene el más genuino sabor tradicional: fabricada en hierro y sobre peana de mampostería adosada a una pared.
En la línea de las actuaciones municipales anteriormente descritas, el ayuntamiento, en mayo de 1871, había concedido un terreno a una vecina para edificar un portal en el Altillo, al sitio de la cruz…
Vemos como en ese lugar existía una cruz que bien pudo ser colocada allí a manera conmemorativa, en recuerdo del convento que allí existió hasta hacía pocos años, o bien la cruz se erigía en recuerdo de un antiguo calvario que desde antiguo se levantaba frente a las puertas del convento carmelita.
En cualquier caso el terreno iba a ser ocupado y la cruz que allí estaba no puede permanecer en aquel sitio y como quiera que doña Josefa de Salas y Zambrano que tiene la devoción de celebrarla todas las noches desea y ha solicitado trasladarla y colocarla en la esquina de la calle del Carmen, sobre la pared de la fábrica de aguardiente de la propiedad de dicha señora: lo proponía al ayuntamiento para la resolución que tuviera a bien dictar. Enterados, acordaron que no originándose perjuicio alguno en la traslación que se solicita y siendo de cuenta de la expresada señora los gastos que se originen, accedieron a su pretensión, pudiendo en su consecuencia hacer la traslación cuando lo tuviera por conveniente.
Una iniciativa particular evitó que una antigua cruz desapareciera y que hoy la conservemos tal cual doña Josefa lo dispuso.
Otras cruces villalberas
Una de las cruces que nos plantea algunos interrogantes es la situada en la calle Reliquias, la conocida como cruz de Niche. Es razonable que el proceso de erección de su capilla fuese el mismo que siguieron el resto de cruces de nuestro pueblo, pero, ¿cuál es su origen?
La respuesta puede ser la misma que manejamos más arriba para la de Caravaca. En su origen es posible que estuviera vinculada a una institución religiosa desaparecida, en este caso la ermita de Nuestra Señora de las Reliquias. Recordar, conmemorar y mantener viva la memoria de un lugar sagrado y tan importante para la vida religiosa local durante siglos.
Otra explicación sería la existencia de una cruz en las cercanías, de las muchas que adornaban las diferentes calles del pueblo, de hecho, el catálogo de cruces no se agota en esa parte del pueblo. En ese entorno existían otras cruces de las que conservamos algunas referencias. A los documentos nos remitimos.
Por un lado tenemos un documento de venta de 1720 en el que Juan Domínguez Lozano, un vecino de Cádiz y Villalba, como albacea de su hermano Francisco, vende unas casas que su hermano tenía en la calle Malaver y hace esquina a la calleja de la cruz del Barranco.
Pero aún hay otro más curioso siglo y medio después. En 1871 el ayuntamiento deniega la solicitud que había hecho otro vecino de un terreno en la calleja del Barranco, al sitio cruz del tío Garrido”, justificando esa resolución en que obstruye el paso de la calleja.
Cruz del Barranco, Cruz del tío Garrido, dos nombres para una misma cruz que en principio no tienen relación con la cruz de Niche pero que de alguna manera amplían el mapa crucífero de nuestro pueblo.
Conclusión
Las cruces que hemos referenciado en este artículo son solo algunas de las que debieron existir en nuestro pueblo repartidas por todo el entramado urbano. Se nos quedan fuera algunas otras de las que apenas tenemos conocimiento o información, también las cruces situadas extramuros, fuera del núcleo urbano, al igual que otros elementos de carácter religioso que también pudieron salpicar nuestras calles.
Nuestro propósito no ha sido proponer una explicación del proceso de configuración de las fiestas actuales y su vinculación a determinadas cruces. Ese tránsito entre un elemento habitual en el paisaje urbano de nuestro pueblo y su posterior identificación con un sentimiento apasionado y una devoción intensa es materia que dejaremos para otra ocasión.
Las cruces de Villalba, a pesar de ser un fenómeno generalizado en el tiempo y en el espacio en muchos territorios circundantes, no dejan de tener sus peculiaridades locales, una historia singular y un desarrollo propio y exclusivo.
