Dos ejemplos de la relevancia de nuestra patrona para Impetrar la misericordia divina en momentos de calamidad
Las rogativas no son más que peticiones públicas que se le hacen a Dios a través de la intercesión de alguna advocación o imagen para obtener el remedio ante situaciones de extrema necesidad.
El significado espiritual de las rogativas podemos encontrarlo en las palabras de Jesús que recoge el evangelio según san Juan (16, 23-24): En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa (diócesisdehuelva.es, 2023).
La conciencia de indefensión que las personas tenían ante determinados eventos funestos o situaciones calamitosas y su vulnerabilidad ante la muerte los llevaba a buscar remedio a través de ritos y ceremonias que implican la intercesión de los santos.
Las rogativas no dejaban de ser peticiones, súplicas, que la comunidad local realizaba en un determinado momento solicitando el favor divino para enderezar una situación que podía llegar a ser crítica, de supervivencia para la propia comunidad.
Estas peticiones públicas extraordinarias podían tener diferentes objetivos, ya fuera referidos a paliar los efectos de una plaga o el exceso de lluvias, o ya fuera alcanzar el fin de una guerra (gadeas.org, 2023), librarse de una epidemia o solucionar la escasez de agua en un momento crítico del año.
Las rogativas eran un elemento que aglutinaba a la población invocando la ayuda de quiénes ellos creían que podían proporcionársela.
La organización de las rogativas estaban supeditadas a los usos y costumbres de cada localidad, pero compartían casi todas algunos elementos comunes. La iniciativa y las actuaciones correspondían en primer lugar a las autoridades municipales, el cabildo (Rodrigo, 2007).
En nuestro caso, el de Villalba, esa responsabilidad era más evidente si cabe si tenemos en cuenta que la protagonista de estas rogativas era la santa patrona de nuestro pueblo, santa Águeda, de cuya administración, mantenimiento y conservación se encargaba el ayuntamiento.
En este artículo hemos querido recoger dos situaciones (siglos XVIII y XIX) en las que Villalba, mediante las rogativas, con las procesiones y cultos asociadas a ellas, invoca la misericordia divina a través de la intercesión de la santa.
Rogativa pro pluvia para paliar la sequía.
Las rogativas pidiendo agua (pro pluvia), la ansiada lluvia, han sido una práctica que ha llegado hasta nuestros días pero que tienen su origen en la antigüedad, en una sociedad con una extrema subordinación a una agricultura que dependía de una climatología que por imprevisible, requería a veces de aliados poderosos que pudieran revertir las situaciones más adversas. Se trataba de un comportamiento de autodefensa que surgía ante la incapacidad o impotencia de hacer frente a estos desajustes meteorológicos.
En los años más secos las cosechas tendían a quedar cortas, aumentando en consecuencia el precio del grano, creando problemas de desabastecimiento y provocando carestía e incluso hambre, en un contexto en el que los principales perjudicados eran las clases más vulnerables.
El peligro de perder las cosechas era un riesgo demasiado alto para no utilizar cualquier medio al alcance de una sociedad empapada de religiosidad.
Estas variaciones climáticas provocaron un desajuste en los esquemas estacionales tradicionales de una sociedad rural como la villalbera de siglo XVIII, que además atravesaba o intentaba superar una importante crisis demográfica en esas primeras décadas del siglo (Ramos, 2013).
El hecho que mostramos tiene lugar en el siglo XVIII del que no hay apenas información climática. Aunque no disponemos de registros históricos de la etapa que comprende el primer tercio del XVIII si podemos asegurar que este siglo, en general, fue más seco que la centuria anterior. Es importante destacar que la mayoría de rogativas pro pluvia se concentran en los primeros meses del año, momento clave dentro del ciclo agrario anual local (Cremades, 2017).
Estamos a finales del mes de abril de 1730. Para entonces ejercían de alcaldes ordinarios dos personajes que marcaron la historia de nuestro pueblo, Francisco de Cepeda y José Fernández de Landa, que junto al resto de los componentes del cabildo municipal acordaron lo siguiente:
que en atención a la tal falta que hace a los campos la falta del agua, por cuyo motivo están los campos sumamente atrasados, y para el remedio de ello respecto de la gran devoción que los vecinos de esta villa le tienen a señora santa Águeda por lo milagrosa que es dicha santa y patrona de esta dicha villa, acordaron se traiga dicha santa en procesión desde su ermita a la parroquial de esta villa. acompañada de los eclesiástico y religiosos de esta villa y se le haga su novenario, y en él se gaste la cera que fuere necesario a fin de que por este medio y la devoción de los dichos vecinos de esta villa interceda dicha santa con la Divina Majestad y mande su rocío para el alivio del procomún (AMVA, leg. 5).
La santa aparece como intercesora y protectora del pueblo de Villalba en momentos de infortunio. La valedora de la supervivencia del pueblo que le rinde culto. El texto no puede ser más explícito.
Para cerrar este caso solo añadir que apenas una década después la imagen que los villalberos acompañaron desde su ermita y que veneraban desde tiempo inmemorial sería sustituida por una nueva efigie de la santa.
Rogativa para sortear una epidemia de cólera
El segundo de los episodios que exponemos en este artículo está relacionado con otra de esas situaciones críticas en las que la intercesión de la santa se consideraba indispensable para capear otra de las frecuentes calamidades que afectaban a la población periódicamente, también a los villalberos.
El caso que nos ocupa se produjo en la segunda mitad del siglo XIX, concretamente en el año 1885, con motivo de una epidemia de cólera que afectó a toda España.
Las epidemias fueron habituales a lo largo de la historia. De entre las enfermedades epidémicas decimonónicas, el cólera asiático o morbo destacó por encima de todas por el impacto emocional que causaba en la población, pues aunque solo era letal aproximadamente en la mitad de los enfermos que se contagiaban, estos morían en pocas horas de manera degradante y fulminante (Calvo-Calvo, 2018).
Aunque la aparente ferocidad de la epidemia hizo que el arzobispo de la diócesis en junio de ese año publicara una carta en la que … para conseguir, pues, que S. D. M… preserve a los nuestros de tan duro castigo, hemos determinado que en todas las iglesias de la Diócesis se celebren, según ya se ha verificado en las de la capital, rogativas públicas durante nueve días por las mañanas con el Sagrario abierto… (Balbuena et al., 2020), la incidencia en algunas comarcas de Huelva fue inapreciable. En el partido judicial de La Palma fue de apenas 33 personas con 21 fallecidos, sin que tengamos noticias de que ninguno fuera vecino de Villalba ( Boletín de estadística sanitario-demográfica: Cólera morbo asiático en España durante el año de 1885, 1887).
Es evidente que las medidas preventivas no se limitaban solo a las de carácter sanitario, muy discutidas en aquellos años, sino que también se confiaba en la intervención divina como una fórmula de protección ante el temor de una enfermedad que amenazaba sus vidas y que, como hemos dicho, las alternativa sanitaria aún no aseguraba la supervivencia en caso de contagio.
En la sesión ordinaria celebrada el 4 de julio de 1885 el ayuntamiento dispuso que, ante el impacto que estaba causando el cólera morbo en otros puntos de España, se ruegue al señor cura párroco que disponga la celebración de rogativas durante tres días… nombrando el municipio a las personas que asistirían a dichas rogativas y a las ordenadas por la autoridad superior eclesiástica de este arzobispado para impetrar de Dios la desaparición de dicha epidemia… y que se suplicara al dicho señor párroco que se sacara esta noche en procesión de rogativa a nuestra ínclita patrona santa Águeda (AMVA, leg. 16)
Sería interesante destacar que a esta situación también podríamos añadir algunos elementos adicionales relacionados con nuestra santa. Por ejemplo, la adecuación de la casa que el ayuntamiento tenía junto a la ermita de santa Águeda, que en los periodos de epidemias era utilizado como lazareto para confinar en cuarentena a los viajeros que a consideración de las autoridades sanitarias debían mantenerse en observación durante algunos días. Por otro lado, también concurre el hecho que en esos momentos la imagen de la santa debía estar en la parroquia ya que un año antes se había procedido al derribo de la antigua ermita y se había solicitado la licencia para la construcción de un nuevo edificio.
Parece que al margen de cuestiones estrictamente formales (ceremonias desarrolladas por el clero siguiendo las directrices episcopales) la presencia de la patrona en cualquier acto o empeño rogatorio era casi indefectible tanto por la devoción que despertaba entre los vecinos, como por las “garantías” que ofrecía su intercesión, motivos más que suficientes para que protagonizara estas rogativas “populares”.
Una relevancia que bien pudo tener consecuencias favorables para el fortalecimiento de la devoción a la santa y un empujón a la primigenia hermandad constituida apenas diez años antes por un grupo de devotos para propagar y fomentar el culto de nuestra patrona, virgen y mártir, santa Águeda.
