El artículo Una devoción de cuatro siglos fue publicado en la Revista de Fiestas de Santa Águeda del año 2012. Su autor, Sergio del Toro Espinosa, aporta un documento de especial relevancia para la historia de nuestra patrona y de nuestro pueblo: la concesión eclesiástica para que el día 5 de febrero sea declarado fiesta en la localidad. Una concesión que se remonta al siglo XVII, concretamente al año 1642.
Artículo
Hemos ido heredando la devoción a Santa Águeda de nuestros padres y de nuestros abuelos desde la infancia. Las oraciones, las invocaciones y los agradecimientos que se oían en casa fueron calando en el corazón del niño que fuimos, aunque hoy casi no podamos recordarlas. Fuimos a la ermita ya antes de saber andar, y desde entonces, cada vez que volvemos, su Imagen nos consuela, nos conforta y nos evoca aquel tiempo feliz.
Cuando preguntamos a nuestros mayores, nos cuentan lo mismo: un fervor aprendido desde la cuna, un amor leido en los labios de la abuela, un hogar en el que Santa Águeda se hacía presente en las alegrías y en las tribulaciones.
En Villalba el amor a Santa Águeda se contagia de padres a hijos, de generación en generación. Pero. ¿desde cuándo? ¿en qué momento comenzaron los villalberos a volver sus ojos hacia Santa Águeda? Probablemente nunca podamos responder a esto con exactitud, aunque podemos seguir el rastro que esta devoción ha ido dejando hasta muy lejos en el tiempo.
La Hermandad tiene constancia de su fundación oficial en 1879, y de la inmediata construcción de la ermita que hoy conocemos, en la década siguiente. Sin embargo, en la reciente reforma del edificio se ha encontrado un indicio de que esta ermita pudiera haberse levantado sobre el derribo de otra anterior. Concretamente, una lápida de mediados del siglo XIX, que señala el enterramiento de una mujer en aquel lugar, ya entonces probablemente considerado sagrado.
Con todo, el dato más antiguo de que se dispone respecto a la devoción villalbera por Santa Águeda se recoge en un legajo de tres páginas que se guarda en el Palacio Arzobispal de Sevilla. En este documento, escrito en 1642, se señala que el 5 de febrero será, a partir de ese año, fiesta de guardar en Villalba del Alcor, en honor de Santa Águeda virgen y mártir.
Así pues, estamos ante el escrito cuya fecha da fe del momento a partir del cual el día de Santa Águeda es fiesta en Villalba: el tres de febrero de hace (nada menos) que trescientos setenta años.
El legajo contiene tres pliegos manuscritos, del tamaño aproximado de un folio, escritos solo en su mitad derecha. Se encuentra en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla, en el Fondo Arzobispal, en la sección de Gobierno y en la serie Congregación de Ritos. Tiene el número 04503 y su signatura actualizada cs/cg / doc: 14/1.
En cuanto al contenido, se trata del acta de un procedimiento eclesiástico abierto en 1642. a instancias de la villa de Villalba del Alcor. Lo redacta y lo firma Alonso Carrillo, «secretario de la dignidad arzobispal«, en Sevilla, el 3 de febrero de 1642.
En él se recoge que «el Clero y el Concejo, Justicia y Regimiento» de Villalba del Alcor (es decir, sus autoridades religiosas y civiles), en su nombre y en el de todos los vecinos, “suplicaron al Cardenal Arzobispo de Sevilla» que el 5 de febrero fuera declarado, a perpetuidad, dia de precepto en Villalba, en honor de «la gloriosa Santa ägueda, virgen y mártir”.
Según se dice en el manuscrito, el Cardenal Arzobispo de Sevilla (que entonces era Gaspar de Borja y Velasco), «no teniendo enconveniente«, ordena «lo que dicha villa suplicaba”, y encomienda la ejecución de esta orden y la publicación del edicto correspondiente a una Junta formada por tres clérigos insignes, diputados de Ritos y Ceremonias, de los que se da detallada referencia en el mismo documento. Esta Junta se reunirá a este propósito el 3 de febrero de 1642, en las ‘casas arzobispales’ (que poco después se transformarán en el actual Palacio Arzobispal de Sevilla). De hecho, este documento es realmente el acta de la reunión de la Junta.
La obligación de guardar precepto, señala el documento, se entenderá limitada a «las casas y población de la dicha villa y hermita«, y no a todo el término municipal.
También puede leerse en este documento que, por la «mucha devoción que la dicha v tenía y tiene a la gloriosa Santa Águeda virgen y mártir«, se había levantado «oratorio y hermita, fuera de la villa y cerca della, con su advocassión«.
De la lectura de este documento, pues, pueden obtenerse algunas conclusiones:
En primer lugar, que la devoción a Santa Águeda tenía ya un fuerte arraigo en la Villalba del siglo XVII. Tanto, que concitó el acuerdo entre la parroquia y el ayuntamiento para solicitar al Cardenal Arzobispo que el 5 de febrero fuera fiesta de guardar, lo que suponía día feriado y misa obligatoria para toda la población. No se tiene constancia de que se hiciesen gestiones similares por otras devociones que Villalba tenía, como San Bartolomé o Ntra. Sra. de las Reliquias.
En segundo lugar: Santa Águeda tiene ermita, al menos, desde 1642. No puede afirmarse que la ermita actual se asiente en el mismo emplazamiento que la que se menciona en el documento; sin embargo no es una tesis descabellada, teniendo en cuenta que ambas se levantaron «fuera de la villa, y cerca della«.
Y en tercer lugar, cabe destacar la vigencia de este documento. No estamos ante el simple archivo de unos hechos pasados y muertos, importantes sólo para sus contemporáneos, sino ante la decisión fervorosa de dedicar expresa y solemnemente un día del año a Santa Águeda, decisión renovada de hecho año tras año por los descendientes de aquellos villalberos, desde hace casi cuatrocientos años, hasta hoy.
Qué gracias no habrá derramado Santa Águeda sobre su pueblo, para suscitar tal testimonio de fidelidad y devoción a través de los siglos.
